Disfraces, una «abuela» muerta y una radio: Gleiwitz, el engaño nazi que dio el inicio a la Segunda Guerra Mundial

24/Ene/2017

Infobae

Disfraces, una «abuela» muerta y una radio: Gleiwitz, el engaño nazi que dio el inicio a la Segunda Guerra Mundial

La diplomacia continuaba sus carriles
normales. Era 1939 y Adolf Hitler prometía a Varsovia que la paz entre Alemania
y Polonia estaba garantizada. Repetía en cada despacho diplomático que
cualquier tipo de controversia se resolvería sin el uso de las armas.
Hitler, sin embargo, tenía otros planes
secretos y macabros. Ya había iniciado su feroz persecución contra los judíos y
su maquinaria había comenzado a exterminarlos. Pero aún no había extendido las
fronteras de su país. Y Polonia sería su primer gran objetivo.
Durante meses, el genocida alemán había
intentado desatar una guerra que diera rienda a sus tropas en toda Europa. Fue
por eso que ideó un plan para que una simple provocación (armada) le diera la
excusa perfecta para desplegar su poderío militar.
«La tensión era cada vez más palpable,
pero los ciudadanos polacos pudieron respiarr tranquilos cuando, en una de sus
estrategias diplomáticas -que ocultaban oscuros fines-, Hitler les hizo creer
al gobierno de Varsovia que sus planes eran pacíficos», explicó Oscar
Herradón, autor del libro Los Espías de Hitler. El tratado entre ambos países
había sido firmado en 1934, pero Hitler ya tenía en su cabeza la futura
invasión.
De la misión ultrasecreta participaron
algunos agentes nazis y un puñado de oficiales de las SS. Vestidos como
soldados polacos cometerían un atentado: Hitler ya tenía la manera de invadir
Polonia, a los ojos del mundo «la agresora». El jefe nazi debía
mostrarse dentro de la comunidad internacional como la víctima y así tener
carta blanca para responder la agresión.
La «Operación Himmler» contó de
tres etapas: una a cargo del general Herbert Melhorn, de las SS y la Gestapo.
El oficial dirigía a soldados alemanes vestidos como militares polacos, con
quienes creó los restos de un falso campo de batalla en el que habrían atacado
a una patrulla nazi. Otra de las etapas era simular una embestida contra un
puesto fronterizo. La última sería «el incidente de Gleiwitz».
Ésta última fue la más importante de las
etapas ideadas por Hitler. El 31 de agosto de 1939, cuando el verano todavía
calentaba las calles de toda Europa, siete miembros de las SS disfrazados como
soldados polacos irrumpieron y tomaron el poder de una estación de radio
alemana en Gleiwitz. Emitieron una feroz proclama en la cual llamaron a la
lucha contra la Alemania nazi. «Ha llegado el momento del conflicto entre
alemanes y polacos, y los polacos debemos unirnos y aplastar a cualquier alemán
que se resista», decía parte del comunicado emitido por la estación de
radio.
Al incidente le dieron tanta verosimilitud
que incluso utilizaron cadáveres vestidos de soldados alemanes para que la
comunidad internacional no tuviera dudas. Los cuerpos habían sido provistos por
el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller. Su origen era siniestro: los había
traído de campos de exterminio en Alemania.
La palabra en clave para iniciar los
operativos llegó a oídos de Alfred Helmut Naujocks, comandante de la unidad de
asalto de las SS. «La abuela ha muerto», fue lo único que escuchó del
otro lado del teléfono el mediodía del 31 de agosto. Los servicios de espionaje
nazis se ocuparon de fotografiar las tres etapas de la «Operación
Himmler». Y de distribuirlas.
Con algunas dificultades técnicas, pudieron
emitir el mensaje. «¡Atención, Gleiwitz! La radio está en manos de
Polonia». Hitler ya tenía su excusa perfecta para iniciar la etapa más
oscura del siglo XX. Francia y el Reino Unido le declararon la guerra a
Alemania: comenzaba la Segunda Guerra Mundial.